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JUICIO POLÍTICO A LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA EN 2003 Carta a “Última Hora”

Señor Director:

En relación con la publicación aparecida el domingo pasado en ese medio, debo hacer algunas aclaraciones en cuanto a lo que se menciona como “fundamentos del juicio político”.
1. Acerca de la inamovilidad hasta los 75 años, cabe señalar que las acciones de inconstitucionalidad habían sido planteadas por los doctores Jerónimo Irala Burgos, Felipe Santiago Paredes y Enrique Sosa, quienes no habían sido confirmados en sus cargos por el Senado (Resolución Nº 421, del 5 de noviembre de 1999). La primera constatación es que yo me encontraba entre los confirmados, pese a lo cual no dudé en apoyar la declaración de inconstitucionalidad de dicha resolución.

A los argumentos jurídicos contenidos en los fallos de la Corte Suprema de Justicia Nos. 222 y 223, del 5 de mayo de 2000, quiero agregar algunos datos probablemente no muy conocidos. Debe prestarse particular atención a las fechas. La resolución del Senado fue dictada pocos meses después del “marzo paraguayo” (marzo de 1999). Los colorados querían destituir a F. S. Paredes por su supuesta vinculación con el oviedismo. Pero dijeron que no podía ser separado sólo un “ministro colorado”, sino que también debían serlo un “ministro liberal” y un “ministro independiente”. El PLRA, mostrando una gran debilidad, a pesar de que la representación era mucho mejor que la actual y de que había manifestado no estar en desacuerdo con el desempeño de ninguno de los “ministros liberales”, accedió a separar a uno de ellos. El elegido fue el Dr. Sosa y el tercero fue el Dr. Irala Burgos.
Estas fueron las “razones” para esta primera manipulación política de la Corte constituida en 1995.

Los fallos de la CSJ son de mayo de 2000 y se los toma como causales tres años y medio más tarde. A casi nueve años de su dictamiento, su importancia como hitos en la lucha por la independencia del Poder Judicial, aparece más clara.

2. En cuanto a la “provisión de alimentos” para Itaipú, varias veces se ha aclarado que las irregularidades se produjeron en el directorio de esa entidad y no en sede judicial. En efecto, se trataba de una licitación internacional para ese efecto y en el pliego de bases y condiciones aprobado por la Itaipú, se incluía una fórmula matemática de reajuste de precios que efectivamente al ser aplicada daba sumas escandalosas. Pero esto lo aprobó la Itaipú.
Posiblemente se sentaban las bases para un negociado entre las autoridades de Itaipú y quienes resultaran adjudicados en la licitación. Supongo que con posterioridad hubo desavenencias en cuanto al reparto del botín o se quiso tener una “bendición” judicial para sumas tan escandalosas. Lo cierto es que en sede judicial, la controversia planteada versaba, nada más, sobre la correcta o incorrecta aplicación de la aludida fórmula matemática contenida en el pliego de bases y condiciones del llamado a licitación internacional para la provisión de alimentos, aprobado por la Itaipú. Como se trataba de una cuestión matemática, no había sino una sola respuesta y en ella coincidieron todos los peritos y magistrados que intervinieron. El problema no estaba en los tribunales, sino en la Itaipú, y, al ser los magistrados jueces de derecho y no de equidad, nada podían opinar sobre los escandalosos montos.

Quizá ahora con la colaboración del inefable Mateo se pueda hurgar en los papeles de la entidad y encontrar cosas interesantes. Le pido, señor Director, destaque algún periodista para el efecto.

3. En cuanto a otros “fundamentos” como la cuestión de un avión incautado que anteriormente había pertenecido a un narcotraficante, debo señalar que en acta de la CSJ hice constar mi oposición. El supuesto “escándalo sexual” nunca existió y, si mal no recuerdo, no fue una de las causales o fue retirada con posterioridad. El falseamiento de la declaración de bienes, el enriquecimiento ilícito, el nepotismo, la manipulación de magistrados, etc., fueron inicialmente mencionados en su totalidad o en parte en ese mamotreto llamado libelo acusatorio (no recuerdo bien), pero luego fueron retirados en su mayoría. De todos modos ninguno de ellos me afectaba.

Habiendo sido mencionado en la publicación, le solicito la publicación de esta carta.
Le agradezco su atención y le saludo atentamente

Publicada en el diario Última Hora, el 23/02/2009.

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JUICIO POLÍTICO A LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA EN 2003 Nota a la Cámara de Diputados

Asunción, 17 de noviembre de 2003.

 Señor Presidente:

            El jueves 13 ppdo., a las 10:45, recibí copia del proyecto de resolución con dictamen de Comisión de Asuntos Constitucionales, así como la copia del escrito de acusación.

            Le envío adjunta una copia de mi escrito de descargo en el cual desvirtúo cada una de las acusaciones en que supuestamente estoy involucrado.

         En general se puede afirmar que las mismas son descabelladas y carentes de todo fundamento jurídico serio. En el mencionado escrito de acusación prevalecen la superficialidad y la ligereza en el tratamiento de los diversos casos.

            Gracias a Dios, no he sido incluido en todos los supuestos casos en que los redactores del escrito han encontrado irregularidades imputables, a su criterio, a la Corte Suprema de Justicia.

           No he sido incluido en el caso de las aeronaves decomisadas a narcotraficantes, en los casos de nepotismo, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y otros delitos. Esto no significa, en lo más mínimo, que exista razón alguna para incluirme en los casos en que los acusadores decidieron hacerlo.

            Merece una mención especial el caso 7 en el cual se discute si la Corte Suprema tiene o no facultades para dar a sus fallos alcances erga omnes En sentido estricto, se trata de dilucidar si puede dictar sentencias dándoles el alcance previsto en el Art. 137, último párrafo, de la Constitución, pues en realidad la expresión erga omnes no fue utilizada en la parte resolutiva de ninguno de los fallos dictados.

            En relación con este caso, la Cámara de Diputados no puede formular acusación alguna, pues el propio Congreso Nacional cuando en el año 1998 impugnó de inconstitucionalidad el Decreto N° 117, del 18 de agosto de 1998, pidió que la Corte Suprema declarara la nulidad del mencionado decreto, lo cual equivale a solicitar el dictamiento de una sentencia con efectos erga omnes.

         En particular, los diputados Efraín Alegre Sasiain, Rafael Filizzola y Wildo Legal, integrantes de la Comisión de Asuntos Constitucionales, no debieron firmar el dictamen favorable de la citada comisión, pues ello implica una grave contradicción con actuaciones suyas anteriores. En efecto, participaron de la sesión del Congreso Nacional en la cual se autorizó al Presidente y al Vicepresidente de dicho cuerpo a promover la acción de inconstitucionalidad contra el Decreto N° 117 pidiendo su nulidad, y votaron a favor de esta postura. Al referirnos al caso 7 ampliamos considerablemente esta sintética referencia al punto.

          Debe destacarse también la actitud de los redactores del escrito de acusación de arrogarse por sí mismos facultades jurisdiccionales, y constituirse en juzgadores de los fallos dictados por la Corte Suprema de Justicia. Con ello, desvirtúan el sistema judicial vigente en la República al crear un cuerpo (los redactores del escrito de acusación, al que se han sumado algunos de los integrantes de la Comisión de Asuntos Constitucionales) que está en la cúspide de los órganos jurisdiccionales, con potestad pronunciarse sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad, sobre la legalidad o ilegalidad de las sentencias dictadas por la Corte Suprema de Justicia.

          El Art. 192 de la Constitución prohíbe a las Cámaras del Congreso solicitar informes sobre la actividad jurisdiccional.

         El Art. 193 del mismo cuerpo, prohíbe a las Cámaras del Congreso citar e interpelar a los miembros del Poder Judicial en materia jurisdiccional.

         El Art. 195 de la Ley Suprema establece que los magistrados judiciales no pueden ser investigados en materia jurisdiccional, por las Comisiones de Investigación que en forma conjunta constituyan las Cámaras del Congreso.

         El Art. 255 de la Constitución prescribe que ningún magistrado judicial podrá ser acusado o interrogado judicialmente por las opiniones emitidas en el ejercicio de sus funciones.

          Como se ve, las Cámaras no pueden pedir informes sobre la actividad jurisdiccional, ni interpelar a magistrados sobre cuestiones jurisdiccionales; las comisiones conjuntas no pueden investigarlos sobre el mismo tema; y los magistrados no pueden ser acusados o interrogados por las opiniones emitidas en el ejercicio de sus funciones.

         La Constitución en forma expresa, clara y categórica prohíbe a las Cámaras del Congreso realizar actuaciones mucho menos gravosas que la de pretender fundar la acusación de los Ministros de la Corte Suprema de Justicia para un juicio político, en las opiniones vertidas en fallos y en lo resuelto en los mismos. Sin embargo, varios de los “casos” del escrito de acusación se refieren a sentencias de la Corte Suprema. Esto es realmente absurdo y constituye una condenable violación de la Ley Suprema.

           Resulta evidente que las acusaciones no pueden estar fundadas en la discrepancia que pudieran tener los señores Diputados, con el sentido de los fallos dictados por el máximo órgano jurisdiccional.

         La Ley N° 1084 es la única que define el mal desempeño de funciones, pero ella no es aplicable a la Corte Suprema. Sin embargo, la traemos a colación, a fin de demostrar que en los casos en que se alude a supuestos en que el mal desempeño puede derivar el ejercicio de la función jurisdiccional, previamente debe haber un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia o de otro órgano de rango superior al magistrado enjuiciado. En ningún caso esta determinación puede quedar en manos del órgano juzgador pues ello implicaría darle funciones jurisdiccionales ordinarias y elevarlo a la categoría de órgano jurisdiccional supremo.

         Por las razones expuestas en esta nota y, más ampliamente, en la contestación a cada uno de los puntos del escrito de acusación, creo que la Cámara de Diputados debe pronunciarse en sentido contrario a la procedencia del juicio político en contra de mi persona.

            Le saludo con mi más distinguida consideración.

 Dr. Luis Lezcano Claude

Ministro

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

Al Señor

Benjamín Maciel Pasotti, Presidente

HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS

E.        S.        D.

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JUICIO POLÍTICO A LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA EN 2003 Introducción general

En los últimos meses del año 2003, se llevó a cabo un juicio político contra tres de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia: Bonifacio Ríos Ávalos, Carlos Fernández Gadea y quien escribe estas líneas, Luis Lezcano Claude.

Con anterioridad, mediante maniobras políticas de distinto tipo e intensidad se había logrado la forzada renuncia de Jerónimo Irala Burgos, Felipe Santiago Paredes y Raúl Sapena Brugada.

Quedaron en la Corte Suprema solamente Víctor Núñez Rodríguez, Wildo Rienzi Galeano y Antonio Fretes.

Todo el procedimiento que en su parte final adoptó la forma de un juicio político, fue llevado a cabo supuestamente para renovar la Corte Suprema de Justicia, aunque con el correr de los años, se pudo apreciar que el objetivo era crear seis vacancias en el máximo órgano jurisdiccional que luego pudieran ser llenadas a voluntad de los actores políticos prevalecientes en ese momento.

El supuesto procedimiento renovador fue propiciado fuertemente por el entonces Presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, y contó con el apoyo de los distintos partidos con representación en el Congreso: el Partido Colorado, el Partido Liberal Radical Auténtico, el Partido Patria Querida, el Partido UNACE y otros menores.

A más de diez años de los acontecimientos, pongo a disposición por esta vía los documentos relacionados con mi persona. Se incluye el siguiente material:

1. Nota previa al juicio político, dirigida al presidente de la Cámara de Diputados.

2. Escrito de descargo que sirvió de base a la defensa oral realizada por mí, el 1 de diciembre de 2003, durante aproximadamente 3 horas y 45 minutos, ante el pleno de la Cámara de Senadores.

3. De los alegatos, presentados igualmente en forma oral el 10 de diciembre de 2003, sólo se trascribe una cita y se aportan algunos datos aislados, dado que la formulación de los mismos se basó únicamente en una ayuda memoria.

4. La nota de renuncia presentada al entonces presidente del Congreso.

5. Anotaciones personales sobre el juicio político, escritas en diferentes momentos y referidas a aspectos informales, no públicos o publicitados, de trastienda. Esta información será proporcionada a medida que se transcriba la versión manuscrita original.

6. Algunas publicaciones de la prensa, que igualmente serán alzadas de a poco.

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