EL JUICIO POLÍTICO EN LA CONSTITUCIÓN PARAGUAYA DE 1992, ANÁLISIS CRÍTICO Y PROPUESTA DE LEY REGLAMENTARIA

El procedimiento denominado “juicio político” está previsto en la Constitución paraguaya de 1992 en su artículo 225, como un importante mecanismo de control del Congreso sobre los principales funcionarios del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial, así como de algunos de los llamados órganos extrapoderes.
Por una parte, el juicio político presenta problemas derivados de la forma deficiente en que aparece legislado en la Constitución (v. gr.: la inclusión de la comisión de delitos como causal, entendiendo que las cámaras legislativas por sí solas pueden determinar la existencia de la misma). Estos problemas se encuentran ínsitos en el texto constitucional.
Por otra parte, otros problemas se han presentado debido a la forma en que el juicio político ha sido puesto en práctica, es decir, como derivación de su aplicación en casos concretos. Se trata aquí de un problema de interpretación del texto constitucional, muchas veces perverso, interesado o de mala fe, como el sostener que el hecho de que los plazos para las distintas actuaciones no estén establecidos en forma expresa, habilita a las cámaras (o lo que es peor, a una de ellas) a establecerlos con absoluta discrecionalidad, lo cual en realidad, como ha acontecido, deriva en arbitrariedad.
La posibilidad de llegar a circunstancias que han aparejado gran injusticia, se ha debido a veces a omisiones en que ha incurrido la propia Constitución o en que han incurrido los legisladores secundarios al no reglamentar el instituto. Pero, asimismo, se debió a actuaciones simplemente antojadizas y caprichosas de los actores intervinientes en el procedimiento de juicio político. Esto último alcanzó su grado superlativo en los acontecimientos de junio de 2012, en ocasión del llamado “juicio político” al Presidente Fernando Lugo.
Dadas las características apuntadas, una solución completa y profunda sólo puede darse en el marco de una reforma constitucional por medio de una Convención Nacional Constituyente. Mientras esperamos su realización, como una solución válida proponemos una adecuada reglamentación del texto constitucional que permita subsanar, mitigar o limitar las deficiencias que se presentan.
1. La enumeración de los sujetos pasibles de ser sometidos a juicio político, contenida en el Art. 225 de la Constitución y reproducida en el Art. 1° del proyecto de ley, debe ser entendida como taxativa. No obstante, pensamos que en dicha enumeración taxativa debe considerarse incluidos a los integrantes del Consejo de la Magistratura, en virtud de lo dispuesto en otra norma de rango constitucional. Estamos de acuerdo en que la ley no puede ampliar el número de sujetos pasibles incluyendo a otros funcionarios. Pero en este caso no se trata de eso, sino simplemente de que la ley hace la interpretación de un texto constitucional a fin de señalar en forma expresa que los miembros de dicho Consejo están incluidos en la enumeración taxativa.
Al respecto, Rodrigo Campos Cervera expresa cuanto sigue: “La explicación del contenido del artículo 6° de la ley 296, que establece el procedimiento del Juicio Político para la remoción de los miembros del Consejo de la Magistratura, se funda en lo dispuesto por el artículo 263, in fine, de la Constitución, que preceptúa que los miembros del Consejo de la Magistratura «…gozarán de iguales inmunidades que los Ministros de la Corte Suprema de Justicia». Es sabido que las inmunidades de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia sólo pueden decaer por el procedimiento del Juicio Político, de conformidad con lo dispuesto por el artículo 261 de la Constitución paraguaya que expresa, en la parte pertinente, cuanto sigue: «Los Ministros de la Corte Suprema de Justicia sólo pueden ser removidos por Juicio Político». Por ello, de acuerdo con la interpretación lógica y sistemática de la Constitución, la garantía del Juicio Político del artículo 225 de la Constitución alcanza también a los Miembros del Consejo de la Magistratura y así se estableció en la Ley 296.”
2. La Constitución alude a “delitos cometidos en el ejercicio de sus cargos” y “delitos comunes” como causales del juicio político. El uso del vocablo “delitos” solamente, responde a la terminología de la legislación penal precedente. En la actualidad, el Código Penal distingue entre “crímenes” y “delitos” como especies del género “hechos punibles” (cf. Art. 13, incs. 1 y 2).
La interpretación literal del texto constitucional conducente a excluir a los crímenes como causal de un juicio político, resulta ilógica y carente de una contextualización histórica. Como no se trata aquí de una cuestión penal en que la interpretación no puede ser sino restrictiva, debe entenderse, como expresamente se señala en la norma propuesta (artículo 2° del proyecto de ley) , que el vocablo “delitos” debe ser entendido como equivalente a “hechos punibles”, es decir, como comprensivo tanto de delitos como de crímenes.
3. Cuando se tratare de la causal de mal desempeño de funciones, debe facilitarse la posibilidad de la denuncia de hechos concretos que configuren tal causal. Por ello se establece que cualquier persona mayor de edad puede realizar la denuncia ante la Cámara de Diputados (cf. Art. 3°).
Esta causal admite una amplia discrecionalidad de las cámaras legislativas en cuanto a determinar la configuración de la misma por actos u omisiones de las autoridades pasibles de ser sometidas a juicio político. No obstante se debe tener en cuenta que el mal desempeño de funciones debe ser real y de una relevancia que implique el incumplimiento de las funciones que corresponden al cargo, la afectación del decoro del cargo, u otras circunstancias de cierta importancia que afecten el regular funcionamiento de los órganos de gobierno, evitando que motivos de carácter personal, de mera conveniencia política o similares, determinen que la discrecionalidad devenga en arbitrariedad.
Existe cierto tipo de actos que merecen un tratamiento particular. En efecto, cuando se trata de actos jurisdiccionales emanados del Tribunal Superior de Justicia Electoral o la Corte Suprema de Justicia, no puede quedar en manos de órganos cuyos integrantes tienen un origen político partidario, determinar si al emitir tales actos se ha incurrido en mal desempeño de funciones. En efecto, si tal función quedara en manos de las cámaras legislativas, éstas se constituirían de hecho en el máximo tribunal de justicia, por sobre los mencionados órganos, al poder evaluar si sus fallos han sido dictados en forma correcta o incorrecta.
Por ello se establece que para que un fallo del Tribunal Superior de Justicia Electoral, pueda ser considerado como muestra de mal desempeño de funciones, previamente debe haber intervenido la Corte Suprema de Justicia, declarándolo inconstitucional o declarando su nulidad, con imposición de costas a los magistrados intervinientes.
Asimismo, cuando se tratare de un fallo de la Corte Suprema de Justicia, es necesaria la intervención de un órgano superior, que en este caso será un tribunal supraestatal reconocido por el Estado paraguayo, y que éste haya sido condenado como consecuencia del fallo dictado por la Corte Suprema (véase el Art. 4°).
4. Cuando se trata de una autoridad investida de inmunidad de opinión, se debe excluir la consideración de los delitos que eventualmente hubieran sido cometidos como consecuencia de la emisión de opiniones o votos por parte de la misma en ejercicio de sus funciones (cf. Art. 5°). Resulta obvio que en este caso no puede quedar configurada la causal de comisión de delitos y, en consecuencia, el juicio político no puede prosperar.
En el marco de un juicio político, la Cámara de Diputados puede decidir formular una acusación ante la Cámara alta sobre la base de la supuesta existencia de hechos punibles, aunque no se diere manifestación ni intervención alguna del Ministerio Público o de la parte afectada. Asimismo, la Cámara de Senadores puede proceder a juzgar y eventualmente condenar por esos hechos, imponiendo una pena tan gravosa e irreversible como la separación del cargo del funcionario enjuiciado.
Es incongruente con el sistema penal en vigor, conceder tales facultades a órganos no especializados y de conformación eminentemente política, como la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. Se dirá que se trata de la simple oposición entre normas de rango inferior y una norma constitucional, cuya solución debe consistir en hacer prevalecer a esta última. Desde el punto de vista jurídico es así mientras se mantenga la situación, pero desde un punto de vista lógico, el caso no resiste el análisis más elemental.
La acusación es formulada sin intervención alguna del Ministerio Público, órgano encargado de ejercer la acción penal pública cuando se trata de hechos punibles perseguibles de oficio (Art. 268, inc. 3, Cn.); sin petición de la víctima e intervención de aquel órgano, cuando se trata de hechos punibles de acción penal pública perseguibles a instancia de parte; o sin ninguna petición de la víctima cuando se trata de hechos punibles de acción penal privada. En todos los casos resulta incongruente que actúe la Cámara de Diputados sin que el órgano especializado y titular de la acción penal pública se haya manifestado, o, peor aún, sin que la propia víctima haya instado la intervención del Ministerio Público o haya actuado por sí misma promoviendo una querella criminal. No es posible admitir que la Cámara de Diputados pueda formular una acusación sin conocer la opinión del órgano que posteriormente, en caso de prosperar el juicio político y producirse la separación del cargo, es el que debe presentar la imputación y luego formular la acusación en sede penal.
Tampoco es admisible que la Cámara de Senadores adopte una decisión sobre la base de la supuesta comisión de un hecho punible, antes de que se haya llevado a cabo el correspondiente proceso penal y los órganos jurisdiccionales competentes se hayan pronunciado al respecto.
El juicio político opera como antejuicio, pues debe darse antes del proceso penal en sede judicial. Es evidente que en las circunstancias indicadas, resultará afectado el principio de presunción de inocencia, cuando menos en cuanto a la apreciación objetiva del mismo que el magistrado judicial debe tener.
De lo dicho precedentemente surge que los funcionarios afectados, para poder ser sometidos a un proceso penal, previamente deben ser separados de sus cargos como resultado de un juicio político. Sin embargo, puede suceder que como resultado del proceso penal sean sobreseídos o absueltos. De este modo nos encontraríamos ante el absurdo de que son declarados culpables de la comisión de hechos punibles, por un procedimiento en que prevalecen los criterios políticos, por un órgano que carece de competencia substantiva al respecto y con la consecuencia irreversible de la separación de sus cargos; pero luego en sede judicial, con intervención de órganos competentes, especializados en la materia, y con la amplitud y las garantías que ofrece un proceso penal, se les concede el sobreseimiento o la absolución.
La grave situación que eventualmente pudiera presentarse, sólo puede ser subsanada mediante una reforma constitucional en cuanto se refiere a la actuación de la Cámara de Senadores.
En lo que concierne a la Cámara de Diputados, las disposiciones previstas en los artículos 6° y 7° del proyecto de ley, buscan solucionar o, cuando menos, atemperar las dificultades apuntadas.
5. Entre las cuestiones previas a la decisión de formular o no acusación, está la intervención de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, a la cual se le pide que emita un dictamen sobre el tema.
Dicha comisión debe evaluar las causales invocadas, particularmente aquellas que pudieran constituir mal desempeño de funciones. En esta tarea, si lo estima necesario, la comisión puede escuchar al afectado.
Debe quedar en claro que no se trata de dar al afectado la oportunidad de la defensa, pues la Cámara de Diputados no es la juzgadora. En otras palabras, no puede haber ejercicio de la defensa, porque no existe juicio; y obviamente, tampoco pueden ofrecerse pruebas de descargo.
Lo que hace la Cámara de Diputados, por medio de su Comisión de Asuntos Constitucionales, es tratar de formarse un criterio acerca de las causales invocadas. Cuando se trata de hechos punibles, la formulación de imputación por el Ministerio Público, la instancia de parte, la promoción de una querella particular y la ausencia de un rechazo in límine por parte del magistrado interviniente, constituirán elementos de convicción de mucho peso. La labor de la Comisión de Asuntos Constitucionales tendrá mayor relevancia cuando se trate de mal desempeño de funciones.
6. El tema la acusación reviste gran importancia. Para formular acusación, la Constitución exige mayoría de dos tercios de los diputados. Se aclara en el Art. 10 que cualquier fracción decimal requerida para conformar dicha mayoría, debe ser redondeada al número entero superior, aunque la misma fuere inferior a 0,5. En efecto, se debe entender que la Constitución quiere, en esos casos, que la mayoría de dos tercios, quede conformada con más que el número entero inferior.
Si se logra la mayoría exigida para formular acusación, se designa a algunos diputados para que actúen en carácter de fiscales acusadores. En caso contrario, se reputa rechazado el pedido y se ordena su archivamiento.
Teniendo en cuenta que no es conveniente que la situación de incertidumbre creada por existir la posibilidad de una acusación contra una autoridad, se extienda más allá del tiempo estrictamente necesario, se establece un plazo máximo para la formulación de la acusación. Si se excediere el mismo, se entiende que hay un desistimiento tácito por parte de la Cámara de Diputados.
7. La causal de comisión delitos ofrece algunas dificultades, como ya se ha señalado precedentemente. Aquí hacemos referencia a una situación que puede presentarse. Cuando una de las autoridades pasibles de ser sometidas a juicio político, comete un hecho punible, existe siempre una víctima que en muchos casos puede ser una persona común. La misma de seguro estará interesada en que se someta a proceso penal al presunto autor, pero ello sólo será posible si como resultado de un juicio político, la autoridad involucrada es separada del cargo que ocupa.
Puede suceder, sin embargo, que la Cámara de Diputados no formule acusación por no haberse logrado la mayoría requerida o por haber vencido el plazo máximo para hacerlo. En tal situación deben precautelarse los derechos de la víctima del presunto hecho punible cometido por una autoridad.
Para ello, cuando en los casos mencionados en el párrafo anterior, la Cámara de Diputados no formula acusación, habrá de considerarse que nos encontramos ante una “circunstancia objetivamente insuperable” que impide que la persecución penal pueda ser iniciada o continuada, por lo que queda suspendido el plazo para la prescripción de la acción .
8. En los juicios políticos llevados a cabo en 1999, 2003 y 2012, se incurrió en violación de las reglas del debido proceso, en particular, del derecho a la defensa en juicio. Por disposición constitucional, al tratarse el juicio político de un proceso “del cual pudiera derivarse pena o sanción”, rigen para él los derechos procesales consagrados en el artículo 17 de la Ley Suprema.
En el llamado “juicio político” al Presidente Lugo, se incurrió en las más claras e irritantes violaciones al derecho a la defensa en juicio. Del hecho de que en la Constitución no esté fijado plazo alguno para este procedimiento, se concluyó contra toda lógica y con absoluta arbitrariedad, que ellos podían ser fijados con extrema libertad por el órgano juzgador. Así, con desvergüenza, un órgano de gobierno de la importancia de una Cámara de Senadores dispuso que el procedimiento ante la misma -desde la formulación de la acusación por los diputados-fiscales acusadores, hasta la resolución final-, fuera llevado a cabo en menos de veinticuatro horas. El escasísimo tiempo otorgado para la preparación de la defensa, para la presentación oral de la misma, para la producción de las pruebas y para la formulación de los alegatos, fue un reflejo palpable de que el derecho a la defensa había sido soslayado.
Con la intención de evitar que situaciones como ésta vuelvan a repetirse, es conveniente establecer plazos razonables para las distintas actuaciones que se dan en el curso de un juicio político. En este sentido se propone que se corra traslado de la acusación al afectado por 18 días, se fije un tiempo no inferior a cinco horas para la presentación de la defensa oral, se determine que la producción de las pruebas deba ser hecha en el tiempo que sea necesario y se fije un tiempo no inferior a tres horas para la presentación oral de los alegatos.
9. El juicio político indudablemente no es equiparable a un juicio llevado a cabo ante la justicia ordinaria, pero ello no significa –como se ha pretendido sostener- que no esté sujeto a norma jurídica alguna y que todo dependa, en realidad, de la voluntad de los integrantes de la cámara acusadora y de la cámara juzgadora.
Las primeras normas jurídicas que rigen el juicio político están prescriptas en la propia Constitución, y lo serán también las que pueda contener una ley reglamentaria. No basta, pues, la mera voluntad política de los actores intervinientes en el proceso (diputados y senadores), es decir, la simple existencia de la cantidad de votos necesarios para acusar y condenar. Es necesario, como requisito básico e inicial, que existan las causales de enjuiciamiento.
En este sentido apuntan las disposiciones propuestas en cuanto a que la Cámara de Senadores debe realizar una sesión de deliberación sobre lo alegado y probado en relación con cada uno de los hechos que configuran las causales imputadas al enjuiciado. Se debe votar luego para la admisión o no de cada uno de esos hechos.
Asimismo, en caso de quedar configuradas una o más causales, se debe redactar un proyecto fundado de resolución que será sometido a votación nominal de los integrantes de la Cámara de Senadores, a fin de determinar la culpabilidad o la absolución del enjuiciado. En consecuencia, la decisión final con que culmine el juicio político, será una decisión previamente debatida y fundada.
10. Por las mismas razones que justifican la limitación del tiempo para la formulación de la acusación, es conveniente establecer también un tiempo máximo de duración de la fase de juzgamiento ante la Cámara de Senadores. Se ha estimado prudente fijarlo en noventa días, transcurridos los cuales se debe entender que existe un pronunciamiento ficto en el sentido de absolver al enjuiciado.
Asimismo, por idénticas razones a las mencionadas más arriba, cuando se tratare de la causal de comisión de delitos, y en la Cámara de Senadores no se diere la declaración de culpabilidad de la autoridad y su separación del cargo que ocupaba, o si el plazo máximo de duración del procedimiento ante dicha cámara, hubiere transcurrido sin pronunciamiento, deberá entenderse que queda configurada una “circunstancia objetivamente insuperable”, con el alcance ya señalado.
11. La aplicación del principio del non bis in ídem en el marco de un juicio político ofrece algunas dificultades, particularmente cuando se trata de la causal de comisión de delitos y de autoridades que pueden permanecer en sus cargos por largo tiempo (v. gr. Ministros de la Corte Suprema de Justicia y miembros del Tribunal Superior de Justicia Electoral).
Si la decisión de la Cámara de Diputados de no acusar o la de la Cámara de Senadores de absolver, pueden ser aceptadas como definitivas cuando la causal es la de mal desempeño de funciones, ¿es posible admitir tal criterio cuando se trata de la causal de comisión de delitos? La respuesta afirmativa, aunque sólo fuera válida en cuanto al juicio político, significaría admitir la posibilidad de retrasar la realización de un juicio penal en sede judicial por muchos años, es decir, hasta que las autoridades involucradas cesen en sus cargos, dando por descontado que se admite que durante todo este tiempo existe una “circunstancia objetivamente insuperable” que impide la persecución penal.
De todos modos, el tema merece una reflexión más profunda.
12. En caso de que la autoridad sometida a juicio político presente renuncia, debe ponerse fin al enjuiciamiento. Esto es así pues el único fin perseguido en cuanto a los sujetos pasibles es el de “declararlos culpables, al solo efecto de separarlos de sus cargos” (Art. 225 Cn.). Queda claro que esta solución no impide un eventual sometimiento del funcionario a proceso penal en sede judicial.
Sólo en caso de que se trate del Presidente de la República y en relación con la asunción de la senaduría vitalicia, tiene sentido continuar el juicio político hasta su conclusión. En efecto, uno de los requisitos exigidos para ocupar dicho cargo es el de no haber sido hallado culpable como resultado final del juicio político (cf. Art. 189 Cn.). Se deberá evaluar si es conveniente aceptar la renunciar presentada (atribución del Congreso, Art. 202, inc. 16) o proseguir con el enjuiciamiento hasta su culminación, determinando con ello que el ex presidente pueda asumir o no la senaduría vitalicia .
13. En el marco de la legislación paraguaya, no existe cuestión alguna que a priori o en abstracto pueda ser considerada como no justiciable.
El artículo 12 de la Ley N°. 609/95 que organiza la Corte Suprema de Justicia, dispone lo siguiente: “Rechazo “in límine”. No se dará trámite a la acción de inconstitucionalidad en cuestiones no justiciables …”. Esto significa que en cada acción planteada, el órgano juzgador (esto es, la Corte Suprema de Justicia), debe decidir inicialmente si se trata o no de una cuestión no justiciable, y, en caso afirmativo, debe rechazarla in límine. Es, por tanto, la Corte Suprema el único órgano investido de la facultad privativa de pronunciarse sobre el tema, de modo que las declaraciones de legisladores, de otras autoridades o de otros órganos de gobierno, a lo sumo pueden ser consideradas como opiniones cuyo valor dependerá de la solvencia intelectual de quien las emita.
No existe duda en cuanto a que las actuaciones realizadas en el curso de un juicio político pueden ser justiciables por la vía del control de constitucionalidad. En efecto, pueden darse varias circunstancias como que la acusación de la Cámara de Diputados no haya sido decidida por mayoría de dos tercios; que no se hayan observado las reglas del debido proceso, y, en especial, que no se haya dado al enjuiciado la oportunidad de ejercer su defensa en debida forma; o que la resolución condenatoria de la Cámara de Senadores no haya sido adoptada por mayoría absoluta de dos tercios. Los casos descriptos determinarían la inconstitucionalidad de la resolución adoptada y su consiguiente nulidad, lo cual debe ser declarado por el órgano jurisdiccional pertinente.
La justiciabilidad de la resolución de la Cámara de Senadores dictada como culminación de un juicio político, es decir su revisión en sede judicial, habrá de darse eventualmente por medio de la acción de inconstitucionalidad.
Otros temas darán margen al ejercicio de la facultad discrecional de la Corte Suprema de Justicia, de declararlos como “cuestiones no justiciables”. Tales serían, por ejemplo, la determinación de la existencia o no de la causal de mal desempeño de funciones y la valoración de las pruebas ofrecidas y producidas, que, en principio, deben quedar a cargo exclusivo de las cámaras siempre que se den dentro de parámetros de razonabilidad. Sólo en casos extremos de arbitrariedad manifiesta o inexistencia evidente de las mismas, será procedente el control de constitucionalidad .
14. Como conclusión se puede apreciar que el juicio político tal como está previsto en la Constitución paraguaya de 1992, presenta algunas deficiencias en cuanto a su texto, lo cual sólo puede ser objeto de modificación por la vía de la reforma constitucional.
Hay, sin embargo, algunos aspectos que pueden ser mejorados por medio de una ley reglamentaria, como se ha visto en este trabajo. Pero lo que fundamentalmente se puede corregir por esta vía son las aberraciones y arbitrariedades en que se ha incurrido en casos concretos de aplicación del procedimiento del juicio político, es decir, la mala praxis de diputados y senadores integrantes del Congreso durante algunos períodos legislativos.
Esperamos que la propuesta que formulamos contribuya a mejorar este instituto, establecido como medio de hacer efectivo el recíproco control entre los diferentes órganos de gobierno y a preservar el correcto desempeño de varios cargos de suma importancia.

Ley Nº …..
Que reglamenta el juicio político previsto
en el artículo 225 de la Constitución

Art.1º. Sujetos pasibles. Son sujetos pasibles de ser sometidos a juicio político el Presidente de la República, el Vicepresidente de la República, los Ministros del Poder Ejecutivo, los Ministros de la Corte Suprema de Justicia, los miembros del Tribunal Superior de Justicia Electoral, el Fiscal General del Estado, el Contralor General del Estado, el Sub Contralor General del Estado, el Defensor del Pueblo y los miembros del Consejo de la Magistratura.
Art. 2º. Causales. Son causales del juicio político el mal desempeño de funciones, la comisión de delitos en el ejercicio del cargo y la comisión de delitos comunes.
La expresión “delitos” será considerada como equivalente a “hechos punibles”.
Art. 3º. Mal desempeño de funciones. Denuncia. Cuando la causal fuere mal desempeño de funciones, cualquier persona mayor de edad puede presentar denuncia ante la Cámara de Diputados.
Art. 4°. Mal desempeño de funciones. Caso de actos jurisdiccionales. En el caso del Tribunal Superior de Justicia Electoral, solamente podrá considerarse que este órgano jurisdiccional incurrió en mal desempeño de funciones por haber dictado uno o más fallos determinados, cuando estos hubieran sido declarados inconstitucionales por la Corte Suprema de Justicia, o hubieran sido anulados por la misma, con imposición de costas a los magistrados intervinientes.
En el caso de la Corte Suprema de Justicia, solamente podrá considerarse que este órgano jurisdiccional incurrió en mal desempeño de funciones por haber dictado uno o más fallos determinados, cuando como consecuencia de los mismos, un órgano jurisdiccional supraestatal reconocido por el Estado paraguayo, impusiera a éste una sanción determinada.
Art. 5º. Comisión de delitos. Exclusión. Cuando se tratare de autoridades que gozan de inmunidad de opinión, no podrá considerarse configurada la causal de comisión de delitos, sobre la base de las opiniones o votos que emitan dichas autoridades en el desempeño de sus funciones.
Art. 6º. Comisión de delitos. Exigencias previas. Cuando se tratare de hechos punibles de acción penal pública, perseguibles de oficio, para que la causal sea procedente, es necesario que el Ministerio Público previamente haya formulado imputación ante la autoridad jurisdiccional competente.
Cuando se trata de hechos punibles de acción penal pública, perseguibles a instancia de parte, para que la causal sea procedente, es necesario que la parte afectada haya hecho manifestación de su voluntad en sentido afirmativo en forma fehaciente, y que el Ministerio Público haya formulado la imputación ante la autoridad jurisdiccional competente.
Cuando se trata de hechos punibles de acción penal privada, para que la causal sea procedente, es necesario que la parte afectada haya promovido querella criminal.
Art. 7º. Comisión de delitos. Actuación judicial. En cualquiera de los casos mencionados en el artículo precedente, salvo que existiere motivo suficiente para el rechazo in límine, la autoridad jurisdiccional competente, de inmediato, realizará la comunicación pertinente a la Cámara de Diputados y le remitirá copia auténtica de toda la documentación que obre en su poder, referida al caso concreto.
Art. 8º. Pedido de formulación de acusación. En todos los casos, el pedido de formulación de acusación será propiciado por cinco diputados.
En la primera sesión plenaria subsiguiente de la Cámara de Diputados, el pedido será remitido a la Comisión de Asuntos Constitucionales, a fin de que la misma emita dictamen sobre el particular.
Art. 9°. Actuación de la Comisión de Asuntos Constitucionales. La Comisión de Asuntos Constitucionales evaluará las causales invocadas y podrá escuchar al afectado a simple título informativo, si lo creyere pertinente. La negativa del afectado a comparecer, en modo alguno podrá ser considerada en forma desfavorable o incriminatoria. Finalmente, la Comisión emitirá dictamen por el que recomiende a la plenaria de la Cámara de Diputados, la formulación de la acusación contra la autoridad involucrada o el rechazo del pedido.
Art. 10. Acusación. Decisión de la Cámara de Diputados. En sesión extraordinaria convocada al efecto, la Cámara de Diputados considerará el dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales y adoptará una decisión.
A los efectos de la obtención de la mayoría de dos tercios, exigida por la Constitución para la formulación de la acusación, cualquier fracción decimal en la cantidad requerida para conformar dicha mayoría, deberá ser redondeada al número entero superior.
Art. 11. Designación de fiscales acusadores. Rechazo del pedido. Si la Cámara de Diputados resolviese formular acusación, se procederá a la designación de hasta cuatro diputados para ejercer la función de fiscales acusadores. Si no se obtuviere la mayoría requerida, se tendrá por rechazado el pedido y se ordenará su archivamiento.
Art. 12. Plazo para formular acusación. La Cámara de Diputados deberá formular acusación, si correspondiere, en un plazo no mayor a 60 (sesenta días) contados a partir de la presentación de la denuncia cuando se tratare de mal desempeño de funciones; o a partir de la comunicación de la autoridad jurisdiccional competente cuando se tratare de la comisión de delitos.
Vencido el plazo señalado, se entenderá que la Cámara de Diputados ha desistido de formular acusación en el caso concreto.
Art. 13. Circunstancia objetivamente insuperable. Cuando se tratare de la causal de comisión de delitos, y la Cámara de Diputados no formulara acusación o si hubiera vencido el plazo para hacerlo, se considerará que queda configurada una circunstancia objetivamente insuperable que impide que la persecución penal pueda ser iniciada o continuada, quedando suspendido el plazo para la prescripción de la acción.
Art. 14. Casos particulares. En el caso del Ministro de la Corte Suprema de Justicia integrante del Consejo de la Magistratura, el juicio político que eventualmente se promoviere se referirá a ambos cargos.
En el caso del senador y el diputado integrantes del Consejo de la Magistratura, la cámara respectiva deberá tratar simultáneamente su desafuero, al considerar la formulación de la acusación, o al proceder al juzgamiento, según correspondiere, si la causal fuera la comisión de delitos.
Art. 15. Comunicación a la Cámara de Senadores. La resolución de la Cámara de Diputados en virtud de la cual se decide formular acusación en el marco de un juicio político, contra autoridades determinadas, y se designa a los diputados que en ese caso oficiarán como fiscales acusadores, será comunicada a la Cámara de Senadores en un plazo no mayor a cuarenta y ocho horas.
Art. 16. Constitución del tribunal. Recibida la resolución de la Cámara de Diputados, la Cámara de Senadores se constituirá en tribunal y a ese efecto, sus miembros prestarán juramento o formularán promesa de ejercer la función juzgadora con observancia de las disposiciones constitucionales y legales que regulan el procedimiento del juicio político.
Art. 17. Audiencia de acusación. La acusación oral por parte de los fiscales acusadores, será recibida por la Cámara de Senadores en sesión extraordinaria, en audiencia pública. El Presidente de dicha Cámara adoptará las medidas pertinentes para su realización dentro de los tres días subsiguientes a la constitución de la Cámara de Senadores en tribunal.
La acusación debe contener una exposición detallada de los hechos en que se basa y la invocación del derecho. Además, se deben presentar las pruebas instrumentales y ofrecer las demás pruebas.
Art. 18. Traslado de la acusación. El Presidente de la Cámara de Senadores correrá traslado de la acusación al afectado, por 18 (dieciocho) días, para que prepare su defensa. Se entregará la acusación impresa en papel y en medios magnéticos, y también copia de las pruebas instrumentales presentadas.
Art. 19. Audiencia de defensa. En sesión extraordinaria, en audiencia pública, el enjuiciado ejercerá su defensa personalmente o por medio de representante. El tiempo mínimo para el efecto, no puede ser inferior a 5 (cinco) horas. En dicha ocasión debe presentar las pruebas instrumentales y ofrecer las demás pruebas.
Art. 20. Producción de pruebas. El Tribunal decidirá previamente la admisión o el rechazo de las pruebas ofrecidas por la acusación y la defensa. Con posterioridad, en sesión extraordinaria, se producirán las pruebas admitidas en el tiempo que fuere necesario para ello.
Art. 21. Audiencia de alegatos. Con posterioridad a la producción de pruebas, en sesión extraordinaria fijada con antelación, las partes presentarán sus respectivos alegatos. El tiempo mínimo concedido a cada una de las partes, no puede ser inferior a 3 (tres) horas.
Art. 22. Sesión de deliberación de la Cámara de Senadores. Concluida la audiencia de alegatos, se convocará al tribunal a una sesión extraordinaria de deliberación sobre lo alegado y probado en relación con cada uno de los hechos que configuran las causales imputadas al enjuiciado.
La admisión de cada uno de esos hechos se hará por votación y se requerirá el voto afirmativo de la mayoría simple de los miembros del tribunal.
Si resultaran configuradas una o más causales, se designará a no más de cinco miembros del tribunal para la redacción de un proyecto fundado de resolución, para ser sometido a consideración del tribunal. A los efectos pertinentes, se declarará un cuarto intermedio.
Art. 23. Fallo del tribunal. El proyecto fundado de resolución será sometido al pleno del tribunal, cuyos integrantes votarán en forma nominal por la declaración de culpabilidad del enjuiciado y su separación del cargo, o por su absolución.
Para el primer efecto se requiere contar con el voto de la mayoría absoluta de dos tercios de los miembros de la Cámara de Senadores.
Art. 24. Plazo del procedimiento ante la Cámara de Senadores. La tramitación de la fase del juicio político que se lleva a cabo ante la Cámara de Senadores, en ningún caso podrá exceder del plazo máximo de noventa (90) días.
Vencido dicho plazo, sin que existiere pronunciamiento final de la Cámara de Senadores, se entenderá que el afectado ha quedado absuelto.
Art. 25. Circunstancia objetivamente insuperable. Cuando se tratare de la causal de comisión de delitos, y en la Cámara de Senadores no se diere la declaración de culpabilidad de la autoridad y su separación del cargo que ocupaba, o si el plazo máximo de duración del procedimiento ante dicha cámara, hubiere transcurrido sin pronunciamiento, se considerará que queda configurada una circunstancia objetivamente insuperable que impide que la persecución penal pueda ser iniciada o continuada, quedando suspendido el plazo para la prescripción de la acción.
Art. 26. Renuncia de la autoridad. La renuncia de la autoridad sometida a juicio político pondrá fin al mismo, cualquiera sea la etapa en que se encuentre. Sólo en caso de que se trate del Presidente de la República y si ya hubiese sido formulada la acusación, el Congreso podrá no aceptar la renuncia y la Cámara de Senadores continuará el proceso hasta su culminación.
Art. 27. Control de constitucionalidad. Todas las fases del juicio político pueden ser objeto de control de constitucionalidad en cuanto a la obtención de las mayorías exigidas por la Constitución y la observancia de las reglas del debido proceso, y, en especial, del derecho a la defensa en juicio.
La determinación de la existencia o no de la causal de mal desempeño de funciones y la valoración de las pruebas ofrecidas y producidas, puede ser declarada por la Corte Suprema de Justicia como cuestión no justiciable, salvo arbitrariedad manifiesta o inexistencia evidente de las mismas.
Art. 28. Remisión de antecedentes a la justicia ordinaria. Si el juicio político concluyera con la declaración de culpabilidad de la autoridad y su separación del cargo que ocupaba, y la causal hubiera sido la comisión de delitos, el Presidente de la Cámara de Senadores dispondrá que se pasen los antecedentes a la justicia ordinaria. Ninguna de las autoridades pasibles de juicio político, puede ser sometida a proceso penal, si previamente no es separada de su cargo como resultado final de un juicio político.
Art. 29. De forma.

Bibliografía
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Corte Suprema de Justicia, Comentario a la Constitución, Asunción, 1997.
Lezcano Claude, Luis, “Apuntes para la reforma de la Constitución de 1992”, en Comentario a la Constitución. Tomo IV, Asunción, Corte Suprema de Justicia, 2012, pp. 213-291.
Lezcano Claude, Luis, “El “juicio político” al presidente Lugo: arbitrariedad jurídica y reacción”, en Yvypóra Derécho Paraguáipe – Derechos Humanos en Paraguay 2012, Asunción, Coordinadora Derechos Humanos Paraguay (Codehupy), 2012, pp. 591/599.
Lezcano Claude, Luis, “El Juicio Político”, en La Ley, Revista Jurídica paraguaya, Asunción, abril de 2000, Año N° 23, N° 3, pp. 273-282.
Lezcano Claude, Luis, “Poder Ejecutivo: propuestas de reforma constitucional”, en Revista Jurídica de la Universidad Americana, 2010.
Lezcano Claude, Luis, “Sobre el “juicio político” al Pdte. Fernando Lugo Méndez”, en La Ley Revista Jurídica Paraguaya, Año 35, Nº 7, agosto de 2012.
“Sobre el “juicio político” …”, en E. Camacho (compilador), Golpe parlamentario en Paraguay. Una aproximación jurídica, Frente Guasu, Ed. Arandura, diciembre de 2012.
Lezcano Claude, Luis, Derecho Constitucional – Parte orgánica, Asunción, agosto de 2008 (1ª Ed.), marzo 2011 (3ª Ed.).

Legislación
Constitución.
Ley N°. 296, del 22 de marzo de 1994. Que Organiza el Funcionamiento del Consejo de la Magistratura.
Ley 3759/2009, del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
Código Penal.
Código Procesal Penal.
Proyecto de ley presentado a la Cámara de Diputados por el diputado Víctor Ríos.

1 comentario

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Una respuesta a “EL JUICIO POLÍTICO EN LA CONSTITUCIÓN PARAGUAYA DE 1992, ANÁLISIS CRÍTICO Y PROPUESTA DE LEY REGLAMENTARIA

  1. pablo colman

    gracias profe por su trabajo incansable en el mejoramiento de nuestro alicaído país en materia legislativa y en general !!!!

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